"No hay nada cierto, salvo la muerte y los impuestos"
Ya en el siglo XVIII, Benjamín Franklin lo tenía claro. Pareciera que el filósofo, físico y político estadounidense se hubiera inspirado en España para enunciar su famosa frase que ha pasado a la posteridad, si no fuera por los tres siglos que nos separan.
Y es que la realidad es tozuda, tan tozuda como la propia muerte, que llega sin avisar y sin apelación posible. Lo mismo sucede con los impuestos en España, que llegan de tapadillo, sin previo aviso, con nocturnidad y alevosía.
Aprovechando el asueto navideño, el Gobierno acaba de subir cuatro impuestos a los emprendedores, la mayor parte autónomos, más de 3 millones en nuestro país. A lo mejor piensan que esta es la fórmula magistral para fomentar el emprendimiento y la generación de empleo... (por cierto que el decreto ley se denomina "de medidas para favorecer la contratación estable y mejorar la empleabilidad de los trabajadores")
Veamos en qué consisten estos nuevos incrementos:
- Subida del 2% de la base mínima de cotización para los autónomos, lo que quiere decir que la cuota mínima mensual pasa de 256,72 a los 261,83 euros.
- Subida del 5% de la base máxima, lo que equivale que pasar de 3.425,70 euros mensuales a 3.597 euros.
- Subida del 22% a los autónomos societarios y con empleados. Para ellos, la cuota mensual pasará de 256,72 a 313,40 euros.
- Cotizarán las ayudas por comida, complementos por transporte, los seguros médicos, la guardería, los planes de pensiones... Se han incluido estos y otros elementos en la base de cotización. Todos estos nuevos añadidos cotizables son asumidos (en principio) por las empresas, pero podrán afectar también a los trabajadores al verse abocados a una pérdida de poder adquisitivo si la empresa tiene que cotizar por estos conceptos.
Si después de todo esto todavía hay emprendedores que se atreven a abrir un negocio o contratar un empleado, ¡enhorabuena!